Domingo por
la tarde.
Una amiga
toca a tu puerta
cual cartero
con un mensaje:
la dejaron.
Ojos llorosos
y vidriosos,
perfectos
espejos del alma.
Se sientan
cómodamente en un sillón.
Llueve.
Las gotas
como melodía que acompaña a la agonía
en una
canción eterna,
de esas que
no se bailan.
Una velada
apagada.
Tu lengua se
convierte en una pluma
que escribe
un libro de autoayuda.
Consejo tras
consejo.
Monólogo,
plática sin fin.
Domingo
siguiente:
te dejaron.
Observás la
taza de café medio llena
como si
tuviera las respuestas,
como si su
reflejo se te apareciera.
El libro de
autoayuda ha volado,
siguió a las
golondrinas en su camino.
Ahora todo es
monótono,
y a la vez
impredecible.
Tu amiga
regresa y se exorciza.
Pareciera que
se hubiera cenado
el más famoso
ejemplar de Freud.
Pero nada
logra que los trozos de tu corazón partido
converjan,
Porque es
fácil hablar mirándote en lágrimas ajenas;
porque es
fácil repetir el “seguí adelante”
suspirando de
orgullo;
y así
en tu más profundo
insomnio
descubrís que
las sugerencias trilladas que diste,
no te
consuelan
y que la
mejor forma de perderse
es que te suceda.
Poético blog, te animo a continuar. Saludos.
ResponderBorrarLindo. Te felicito.
ResponderBorrarLlegué aquí por las golondrinas, porque los temas de animales me interesan.
ResponderBorrarTe felicito, hermosos poemas.
David B.
Cronista Animal blog