Golondrinas


Domingo por la tarde.

Una amiga toca a tu puerta

cual cartero con un mensaje:

la dejaron.

Ojos llorosos y vidriosos,

perfectos espejos del alma.

Se sientan cómodamente en un sillón.

Llueve.

Las gotas como melodía que acompaña a la agonía

en una canción eterna,

de esas que no se bailan.

Una velada apagada.

Tu lengua se convierte en una pluma

que escribe un libro de autoayuda.

Consejo tras consejo.

Monólogo, plática sin fin.

Domingo siguiente:

 te dejaron.

Observás la taza de café medio llena

como si tuviera las respuestas,

como si su reflejo se te apareciera.

El libro de autoayuda ha volado,

siguió a las golondrinas en su camino.

Ahora todo es monótono,

y a la vez impredecible.

Tu amiga regresa y se exorciza.

Pareciera que se hubiera cenado

el más famoso ejemplar de Freud.

Pero nada logra que los trozos de tu corazón partido

converjan,

Porque es fácil hablar mirándote en lágrimas ajenas;

porque es fácil repetir el “seguí adelante”

suspirando de orgullo;

y así

en tu más profundo insomnio

descubrís que las sugerencias trilladas que diste,

no te consuelan

y que la mejor forma de perderse

es que te suceda.    

3 comentarios:

  1. Poético blog, te animo a continuar. Saludos.

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  2. Llegué aquí por las golondrinas, porque los temas de animales me interesan.
    Te felicito, hermosos poemas.
    David B.
    Cronista Animal blog

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