Un simple hola


Me inspiro de aquellos autores letrados y eruditos; usualmente con envidia repito sus palabras pensando en decírtelas, hasta que recuerdo que tomaste tus cosas y te marchaste.

Notas y escritos que dibujan tu rostro en mis cuadernos más viejos; aquellos que saben en detalle lo que me hacés sentir.

Palpitan mi cuerpo, mi alma y mi esencia. Cargo esta nostalgia como un perfume que se siente a kilómetros de distancia, pero que sólo es percibido por aquellos que tuvieron la suerte de secar las lágrimas que he derramado por tu culpa. Ese llanto dorado que le ruega a un supuesto Dios volver a tener el placer de, aunque sea, presenciarte de lejos. Mi musa, mi musa más oscura.

Todas las mañanas me levanto arrepentida y culposa de no despertar a tu lado, y antes de cederle mi vista al inconsciente, les pido a mis demonios más malditos que me dejen tranquila sólo ocho míseras horas para así poder soñar con vos, con tus manos cálidas que algún día supieron tocarme de más; indebidamente.

Ese rostro, ese que conoce de memoria los requisitos para provocarme taquicardia, ese que escondés debajo de una moneda con miedo de que se descubra que algún tiempo atrás, una cámara tuvo la inusual desdicha de escrachar tus facciones… Aunque a veces pienso que hasta tus defectos más embarazosos son capaces de hacerme volar a mil mundos diferentes en solo un pestañeo.

Idealizar esa saliva tuya que varios meses atrás me sedujo e intentó advertirme de que sufriría, de que el amor a veces odia, y de que la pasión tiene garras y filosos dientes.

Ojalá fuera un delito desearte tanto, así al menos padecería un merecido castigo por lastimarme de esta manera; aunque si el terrorismo tus rasgos persiguiera, orgullosa exhibiría tu estatua en una vidriera para estallar en mil pedazos y que mis cenizas sean el vestigio más digno de esta mártir que pereció en tu nombre.

Mis heridas aún tienen sangre, pero pienso: qué lindo que es sangrar a causa de una navaja forjada por el recuerdo de tus besos.

Si algún día llego a encontrar a ese otro sujeto que te quite de mi cabeza, sin remordimiento lo apartaría, porque no hay recuerdo más excitante que el tuyo caminando hacia mí con ansias de sentirme y de hacerme ver todos los cielos del universo con un simple “hola”.

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