A quien no correspondí

Esta horrible y distante tragedia se compensa con la posibilidad de contactarte una esporádica vez más. Es increíble haber conocido cada espacio y rincón de tu cuerpo y de tu alma para hoy ser simples recuerdos borrosos. Duele. Si fuera por mí, te contactaría a cada minuto de cada día, pero no se puede. Es injusto meter el dedo en la llaga, ¿verdad? Aunque nadie piensa en mi herida, ¿o sí? ¿A caso yo no dejé ir a alguien que amaba? ¿Es acaso el amor romántico el único que cabe en nuestro imaginario? Supongo que depende del contexto.

Cuando tomé la decisión de bajarme del tren sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Necesitaba respirar, cerrar ciclos, continuar y ver qué más podría haber al final de cada camino que transitara. Esos caminos se volvieron rocosos, confusos y perturbadores. La extrañeza de ver tu silueta cada vez más difusa me hace considerar si vale la pena vivir y progresar si no te tengo a mi lado para compartir la euforia. La culpa de no haber sido recíproca me está pasando factura porque, si bien no corresponderte no fue mi culpa, tampoco fue mi deseo. Algo tenía que hacérmelo saber. Pocas veces uno encuentra a un ser tan resiliente y puro capaz de arriesgarlo todo por alguien a quien ama. Al parecer mi persona es proclive a desencantarse rápido de lo que es saludable porque siente que no merece esa paz. De todas formas, quién hubiese dicho que quererte de otro modo dolería tanto.  No lo sé. No estoy segura de nada a esta altura.

Mi cuerpo duele, el alma pesa, el vacío interno que me abraza en las noches se hace cada vez más insoportable. A veces siento que mi único consuelo sería darte un abrazo, ver una película de culto y comer pizza para luego ir a mi casa y llenar con alivio esa carga que aún llevo. Lamento mucho que sea ese el único amor que puedo darte: el amor fraterno. No lo merecías en aquel entonces y no lo mereces ahora. Por ese motivo me limito a contactarte sólo cuando es necesario. Por eso reprimo cualquier impulso eufórico que me lleve a querer contarte mis aventuras del día a día, usualmente lideradas por mi torpeza. Por eso mi única esperanza de reconectar, aunque sea un poco, se nutre de la posibilidad de lograr un frío encuentro casual. Por eso escribo esto, porque sé que no es justo pedirte que seas mi amigo, porque castigarte cuando estás terminando de sanar sería criminal, y jamás me perdonaría calmar mi angustia a costa de tu pena.

Querido “aquel” a quien no correspondí: Lo que puedo concluir es que sí te amo, pero no como te gustaría. Quizás no quiero besarte, pero cómo me encantaría abrazarte. Quizás no deseo proyectar, pero sí vivir el momento. Quizás no me place hacer el amor, pero definitivamente me apasionaría charlar. Quizás no tengo ganas de ser tu amor, sino tu compañera. A veces no sé si con cada acercamiento te lastimo, por eso evito hacerlo y espero con ansias fechas especiales, eventos o, en este caso, tragedias para poder, aunque sea, leer tu corto agradecimiento. Perdón si eso te hiere. Perdón por no poder estar secando tus lágrimas en vez de estar escribiendo esta suerte de epístola que jamás vas a leer.

 

Querido no correspondido: te quiero.